viernes, 13 de mayo de 2016

Un consejo de la Biblia: “Don’t Worry, Be Happy”

¿Te sientes frágil o triste? No te compadezcas, haz algo alegre, dice el Antiguo Testamento


ALEXANDER SCHIMPF
El capítulo 8 del libro del profeta Nehemías, del Antiguo Testamento, contiene una escena maravillosa, de la que podemos sacar provecho como pueblo del Nuevo Testamento. El contexto de la escena es la refundación de Jerusalén por parte de los judíos que vuelven del exilio de Babilonia. La difícil tarea de reconstruir los muros de la ciudad se llevó a cabo, y ahora la gente parece sentir que necesita fortificar sus “muros espirituales”, la relación con Dios. Pide, por lo tanto, al escriba Esdrás que lea la ley de Moisés.

No está bien. Esdrás lee, y la gente llora amargamente al escuchar sus palabras. No se nos dice por qué la gente está sufriendo, pero el texto nos dice que no sólo Esdrás, sino también el gobernador Nehemías y los sacerdotes levitas ahí reunidos deben amonestar a la gente para que deje de llorar. Podemos deducir por la implicación de las diversas autoridades que calmar a la multitud no fuera una tarea fácil.

Pero Nehemías no hace callar simplemente el dolor de la gente, pide a las personas que cambien su respuesta emotiva frente a la ley: “No estéis tristes: la alegría de Yahveh es vuestra fortaleza”.

Este es el aspecto realmente extraordinario de la escena: esta amonestación es escuchada. La gente comienza pronto a “hacer gran festejo”. Parece que se le diga a la gente. “Callad: este día es santo. No estéis tristes”. Y la gente está feliz.

Quienes somos padres las pregunta surge espontáneamente: ¿por qué este enfoque no funciona con nuestros hijos?

A menudo le digo a mi hijo de 3 años que deje de lamentarse en la cena, pero hasta el momento no he obtenido grandes resultados.

Sabemos que las emociones no están bajo nuestro directo control y, por lo tanto, ¿cómo podía la multitud reunida en la historia bíblica pasar del dolor a la alegría, de la fragilidad emotiva a la fuerza simplemente con una orden?

En su libro de 2015 The World Beyond Your Head, Matthew Crawford propone lo que define un “erotismo de la atención”. No te quedes en la extrañeza de la definición; es una idea antigua, inteligentemente repropuesta por Crawford, que sugiere que ejercitemos un control indirecto sobre nuestros estados de ánimo dejando de concentrarnos en lo que nos molesta para detenernos en cuestiones que tienen una “fascinación intrínseca”.

Crawford toma el ejemplo de una mujer que tiene sentimientos negativos en relación a su marido. Está cansada de él, y está tentada a caer en la tristeza respecto a su matrimonio. La esposa, sin embargo, no cede a estos sentimientos, al no aceptar su falta de fuerza emotiva. Como escribe Crawford, “sigue en cambio un cierto ritual: dice ‘Te amo’ cuando se va a dormir cada noche”.

En la interpretación de Crawford, la declaración nocturna de la esposa no es una mentira, sino algo similar a una oración. Decirle al marido que lo ama le da una nueva orientación. Distrae su atención de su estado emotivo descontento y lo redirecciona hacia algo más elevado: el vínculo matrimonial. A través de esta reorientación, la esposa encuentra una nueva fuerza emotiva.

Volviendo al texto bíblico, podemos reconocer un enfoque similar en las palabras de Nehemías, que no se limita a ordenarle a la gente que sea feliz, como suponía inicialmente. Le aconseja, en cambio, a las personas que trasciendan su dolor cambiando su atención sobre la ejecución de ciertas acciones: aceptar la comida y bebida prescritas para la ocasión y realizar actos de generosidad. Y es precisamente cuando la gente ha escuchado esta sugerencia y ha cambiado su atención hacia las cosas que empieza a festejar con gran alegría, encontrando la fuerza a través de la observancia religiosa.

En el pasaje del judaísmo antiguo al cristianismo cambian muchas cosas, pero la naturaleza humana no es una de ellas. Si una persona considera enervante el cristianismo católico, la solución no es auto compadecerse y tirar la toalla, ni buscar, a través de un esfuerza supremo de voluntad, alegrarse repentinamente por toda la cuestión.

La solución es más directa y práctica: adelante el “juego” católico. Iniciar a recibir los sacramentos y rezar más. Practicar las obras de misericordia corporal y espiritual. Haz algo divertido para celebrar la fiesta o la solemnidad del día. En resumen, concéntrate en hacer ese tipo de acciones, y la fuerza emotiva llegará pronto. La fuerza se construye llevando a cabo las acciones de los fuertes.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario