lunes, 24 de agosto de 2015

Mons.Padrón: "¡No es posible un cambio fundamental en Venezuela sin la participación de los jóvenes!


HOMILÍA DE MONS. DIEGO PADRÓN, 
ARZOBISPO DE CUMANÁ
PRESIDENTE DE LA CEV
EN LA CLAUSURA DEL 
III ENCUENTRO NACIONAL DE JÓVENES (ENAJO)

Barquisimeto, 9 de Agosto de 2015

Queridos Jóvenes,
Queridos hermanos,

En nombre de la Conferencia Episcopal Venezolana, un cordial y fraterno saludo. Quiero destacar la presencia, la participación y el apoyo de más de quinientos voluntarios.
La realización de este III ENCUENTRO NACIONAL DE JÓVENES (ENAJO) es casi un milagro.

Comienzo por esta afirmación, porque estamos aquí dando gracias a Dios por tan extraordinario evento (más de 10 mil jóvenes, poder de convocatoria de la Iglesia) que se ha realizado dentro de las más adversas condiciones socio-económicas del país. Hacer una peregrinación como ésta, desde cualquier rincón del país distante de esta ciudad, es una odisea que conlleva un gran esfuerzo.

1. La Iglesia les reconoce, queridos jóvenes, su voluntad y decisión de encontrarse para escuchar en común la Palabra de Cristo que los invita a profundizar sus convicciones, fortalecer su espiritualidad, estrechar los vínculos de amistad, sobre todo en cada diócesis y provincia eclesiástica, y establecer nuevas relaciones con los jóvenes de otras regiones. Pero la Iglesia sabe que más allá de la búsqueda natural y el fortalecimiento de relaciones interpersonales, ustedes han venido a Barquisimeto para dar testimonio de que la juventud de la Iglesia tiene su vida cimentada en Cristo, (Col. 2, 7), porque él es el “camino, la verdad y la vida” (Jn. 14, 6).

2. Uds. han venido también para anunciar a Jesucristo a todos los jóvenes de Venezuela. Es a través de ustedes –y quizás sólo a través de ustedes- como puede Cristo llegar a muchos jóvenes y ser para ellos el “pan vivo”, el que ha bajado del cielo, el único que comunica vida para siempre al mundo (cf. Jn. 6, 50-51). Porque los seres humanos, para tener vida plena, necesitan de Dios. El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano, ha escrito el papa Emérito Benedicto XVI. A esto se refiere el pasaje evangélico que acabamos de escuchar. Es el discurso de Jesús en la Sinagoga de Cafarnaúm, donde él vivía.

El pasaje habla de la acción educadora de Dios dirigida a todos los hombres Dios tiene su pedagogía. Es una atracción interior del Padre que el evangelista san Juan, siguiendo al profeta Isaías (Is 54, 13), interpreta como una instrucción, una enseñanza. Esa acción es la gracia de la fe que lleva a Jesús. Sólo quien acoge (aprende) libremente en su corazón esa seductora atracción del Padre, puede creer en Jesucristo. Por eso dice él mismo: “Todo aquel que escucha al Padre y aprende de él, se acerca a mí” (Jn 6,45b).

Dios se ha revelado en el hombre Jesús: en él Dios se hizo niño en Belén, joven en Nazaret, víctima en la cruz, pan en la eucaristía. Por tanto, Jesús es la respuesta a las necesidades y esperanzas humanas. Como dice el Concilio Plenario de Venezuela: Sólo Cristo es la piedra angular sobre la que es posible construir de manera sólida nuestra existencia (…) Seguir a Jesucristo nos perfecciona como seres humanos (…) El es modelo de humanidad y Señor de la historia (Jesucristo: buena noticia para los jóvenes, 40-41).

Al mismo tiempo el Concilio les advierte, queridos jóvenes, que Cristo es un amigo exigente, con una exigencia radical al servicio del Reino. Como hijo de Dios nos invita a romper esclavitudes y a entrar en su intimidad (…). Hay que elegir entre el verdadero Dios, que produce vida, y los ídolos que llevan a la muerte. A todos dice: Nadie puede servir a dos señores (Mt 6,24) 
La fe cristiana es válida si es pura, clara, transparente (no una mescolanza de santería u otros cultos) y es sólida; no líquida. El Papa Francisco decía a los jóvenes en Brasil:
La fe en Jesucristo no es broma, es algo muy serio. Es un escándalo que Dios haya venido a hacerse uno de nosotros; es un escándalo, y que haya muerto en la Cruz, es un escándalo: El escándalo de la Cruz. La Cruz sigue siendo escándalo, pero es el único camino seguro: el de la Cruz, el de Jesús, la encarnación de Jesús.

Por favor, no licúen la fe en Jesucristo. Hay licuado de naranja, hay licuado de manzana, hay licuado de banana, pero, por favor, no tomen licuado de fe. La fe es entera, no se licúa. Es la fe en Jesús. Es la fe en el Hijo de Dios hecho hombre, que me amó y murió por mí.

El texto de la primera lectura (Re 19, 4-8), de la misa de hoy es también un pasaje muy interesante. Elías, el gran profeta, por denunciar el sincretismo religioso, o mezcla de creencias, del Rey Ajab, es perseguido a muerte por la esposa de Ajab, la reina Jezabel. Por la lectura vemos al fogoso profeta, ahora fugitivo, huyendo, agotado física y psicológicamente. Dos veces se echa a dormir sin querer despertarse. Literalmente está paralizado por el miedo. Pero un mensajero divino, un ángel, le ofrece una jarra de agua y una hogaza de pan. Y restablecido con aquella inesperada comida, caminó durante cuarenta días y cuarenta noches hasta la montaña sagrada del Horeb o Monte Sinaí.

(La mención del número cuarenta es una alusión a la permanencia de Moisés en la montaña santa y a la larga peregrinación del pueblo por el desierto, camino hacia la tierra prometida).

Queridos jóvenes, los venezolanos atravesamos hoy un inmenso desierto en el que no hay agua ni pan, y las condiciones de vida son cada vez más precarias. La figura del profeta Elías, amedrentado, perseguido y deprimido, es la imagen de ese bravo pueblo que sale diariamente a las calles buscando angustiosamente los más elementales productos para vivir, y también la imagen de quienes están en las cárceles por protestar ante los atropellos y la corrupción. Pero Dios no abandona a su pueblo. Oportunamente le dará el pan de la libertad y de la vida.

Hace apenas un mes los Obispos escribimos para todos los venezolanos una Exhortación (09/07/2015), en la que les aseguramos nuestro acompañamiento, porque también los Obispos padecemos el desabastecimiento, la inseguridad y otras dificultades. En esa Exhortación les recordamos que Dios ve el sufrimiento del pueblo como vio el de Israel cuando sufría esclavizado en Egipto, y bajó a liberarlo.

La palabra de Dios --decimos en la Exhortación-- nos pide a todos ser profetas y promotores de esperanza. ¡No al conformismo y la resignación! (Nº 6). Volviendo a la lectura de 1 Re, el pan ofrecido por el ángel al profeta fue anuncio de ese pan misterioso – como el maná de Moisés y la hogaza de Elías- que entregó Jesús a los suyos en la noche de su muerte, en su última Cena.

Con ese pan nos dio a sus discípulos un alimento que nos permite hacer nuestra peregrinación por el desierto de la vida hasta que lleguemos a la patria definitiva, la verdadera tierra de promisión. Ese pan es garantía de una vida nueva y distinta. Porque el pan que comemos diariamente –si se consigue- como el maná, lleva a la muerte. En cambio Jesús es –él mismo- un pan que supera la muerte, porque comunica vida, otra vida, la vida divina, que perdura más allá de la muerte. ¡La vida que comunica Jesús no lleva consigo la muerte!. Es vida espiritual y eterna. ¡En ella alcanza el ser humano su plenitud!.

Ese pan, del que hemos escuchado hablar a Jesús en el Evangelio, adquirió toda su eficacia vivificadora cuando él entregó su vida en la cruz y, saliendo triunfante del sepulcro, venció la muerte.

Vean, queridos muchachos y muchachas, que todo el discurso de Jesús en Cafarnaúm es un llamado a creer en él y una promesa de vida. El Hijo eterno se hizo carne, es decir, hombre, para revelar a Dios Padre. Entregó su carne, es decir, su humanidad en la cruz, para salvar el mundo, y ofreció su carne glorificada, es decir, todo su ser en la Eucaristía, para dar a los hombres vida eterna. La Eucaristía, es por tanto, el signo o sacramento que prolonga el misterio del Hijo de Dios, hecho hombre en Belén. Y el encuentro pleno de los creyentes con Jesús, pan de vida, se realiza en la Eucaristía. El cristiano necesita de ella para vivir como cristiano, como hijo de Dios y discípulo de Jesucristo.

Estas profundas realidades espirituales, nacidas de la encarnación y la cruz de Cristo, están en función de los hombres, tienen que ver con esta tierra. Ellas llegan a ustedes queridos jóvenes, a través del anuncio cristiano, o mejor, la iniciación cristiana que, de alguna manera, aunque sea “pobre y fragmentada” como dice el documento de Aparecida, han tenido en su hogar, que es anterior a la parroquia y a la Pastoral Juvenil.

La pastoral juvenil, por ser acompañamiento pastoral, es ante todo un proceso de educación en la fe con el propósito de formar cristianos adultos, responsables y comprometidos. La pastoral juvenil es, al mismo tiempo, escuela de humanismo, experiencia de fraternidad, iniciación a la vida cristiana, y plataforma de lanzamiento para la misión. La misión define al cristiano. Ustedes, jóvenes católicos, tienen dentro de la sociedad una misión que no pueden ignorar ni evadir. Cada uno de ustedes tiene el compromiso de transformar el ambiente en que le ha tocado vivir y desenvolverse, comenzando por su propia familia, el liceo, la universidad y el ambiente del trabajo e incluso de la diversión en que toman parte.

3. EL ENAJO, a más de celebración, es también evaluación y autocrítica. Los jóvenes son críticos y tienen que ser también autocríticos

Ustedes, jóvenes católicos, tienen que ser más proactivos en la sociedad. Todos sabemos que la mayoría de nuestros jóvenes católicos no se integran a la comunidad eclesial parroquial y, de los que se integran, gran parte vive bajo el alero o cobijo del templo y de la casa parroquial. La mayor parte se dedica a la evangelización, entendida sólo en el plano de lo religioso: la catequesis, el coro parroquial, el servicio al altar: Estos servicios internos, que promueven la fe y el desarrollo de la comunidad, estoy consciente, son necesarios; es más, indispensables; pero hacen falta también proyectos de promoción humana y compromiso social.

Siguiendo la autocrítica, me atrevo a decirles, en general, los jóvenes católicos son reacios a la participación socio- política. Dejan el campo abierto a otros jóvenes influenciados por ideologías contrarias al cristianismo y a la Doctrina Social de la Iglesia. Tenemos que admitir que este rico mensaje de la DSI no ha calado suficientemente entre la juventud cristiana católica. Pero este III Encuentro Nacional de Jóvenes de la Iglesia tiene que llevarlos a asumir su responsabilidad social. Los jóvenes son constructores de ciudadanía, creadores de solidaridad, agentes de cambio social. Los jóvenes son, como Elías, profetas de la vida y la esperanza desde los cambios culturales y las realidades de pobreza y violencia. ¡No es posible un cambio fundamental en Venezuela sin la participación de los jóvenes!.

Muchos jóvenes en Venezuela viven con temor ante el futuro, y no les falta razón. Mensaje de este Encuentro Nacional de Jóvenes católicos a todos los jóvenes del país es que la fe engendra la esperanza. En la Exhortación que hace un mes escribimos los Obispos les decimos:

Con la fuerza del Espíritu podremos mirar el horizonte con sentido de compromiso y corresponsabilidad. Si tenemos “el gusto espiritual de ser pueblo” (EG 268), hemos de manifestar que la esperanza nos hace protagonistas de la renovación de nuestra sociedad (No. 6).

Venezuela es de todos, y para reconstruir el país debemos reencontrarnos como hermanos, buscar juntos las soluciones a nuestras necesidades, empezando por las llamadas “necesidades básicas”. Lo primero que debemos hacer, es que nadie pretenda imponerse eliminando a los otros. Todos somos necesarios, por tanto hemos de ser actores y protagonistas de la Venezuela que queremos. Asimismo, es urgente ser conscientes de los errores que se deben corregir. Por eso, es equivocado cerrarse en visiones ideológicas, en fanatismos o en legados intocables.(No. 12)

La Pastoral Juvenil es también Pastoral Vocacional. Procura ayudar a que cada joven encuentre su lugar en la Iglesia y responda en ella – y desde ella- a la vocación con que Dios lo ha llamado a SERVIR. La vocación es siempre SERVICIO y SERVICIO ES ALEGRÍA. Servir a los hermanos, en especial a los más necesitados

• La vocación es siempre seguimiento de Jesucristo, ser su discípulo, pertenecer a su escuela, responder a su llamada.

• La vocación cristiana no es pertenecer a un movimiento apostólico. Los movimientos son “instrumentos”, MEDIOS de evangelización. No son un fin, son un medio. Son útiles para la integración; son buenos, porque despiertan la vocación.

• La vocación cristiana se alimenta de la Palabra de Dios y de la oración. En el Grupo Juvenil, la escucha de la Palabra conduce al conocimiento del Señor y de su voluntad, de su plan o proyecto para cada uno de ustedes.

Queridos jóvenes, ENAJO no es un punto de llegada sino de partida. Seguiremos caminando cuarenta días y cuarenta noches… ENAJO es esperanza y proyección en el futuro. Hoy salen ustedes de aquí con más fuerza y esperanza. Está con ustedes –y con toda la Iglesia- la Divina Pastora, la madre del Divino Pastor. Ella va también de camino, los acompaña y protege con su cayado maternal. A ella le hemos consagrado este encuentro y el camino que le sigue. ¡Viva la Virgen María, la Divina Pastora!.

Prensa CEV
20 agosto 2015.-

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