lunes, 24 de agosto de 2015

7 primeros auxilios ante una herida emocional

Si has sido rechazado o has sufrido a causa de un fracaso, conoce que las heridas emocionales pueden ser tan paralizantes como un dolor físico


PSICONLINEWS
Cuando alguien se hace daño, debe inmediatamente desinfectar la herida, taparla y, a veces, usar antibióticos para prevenir una infección. Todo eso sucede automáticamente, sin cuestionamientos. Pero ¿por qué no sucede lo mismo con nuestra salud mental?

Algunas personas creen que basta esperar para que las heridas psicológicas se curen solas. Si ya pasaste por una situación de rechazo, o sufriste a causa de un fracaso, sábete que las heridas emocionales pueden ser tan paralizantes como un dolor físico.

A continuación enlistamos las siete formas de los primeros auxilios emocionales elaboradas por el psicólogo Guy Winch.

1. Presta atención al dolor emocional

Reconocer cuándo sucede ayuda a aliviar el dolor antes de que los sentimientos malos abarquen todo.

La sensación de dolor es la forma que nuestro cuerpo usa para avisarnos que algo está mal y que necesitamos atender, eso también sucede cuando el dolor es emocional. Cuando la persona no supera un rechazo o un fracaso, significa que ha sufrido un daño psicológico que debe tratarse.

La soledad, por ejemplo, puede ser devastadora y perjudicial para la salud psicológica y física. Por eso, cuando un amigo se siente social o emocionalmente aislado, es necesario ayudarlo.

2. Redireccionar la reacción visceral en el momento de la anomalía

La naturaleza de las heridas psicológicas hacen que prioricemos ciertos aspectos. Una anomalía nos puede llevar a intentar arreglar lo que no puede ser reparado, en vez de concentrarnos en lo que sí se puede. Esa tendencia hace que la persona se concentre en el error y entre en un ciclo repetitivo.

Para acabar con este tipo de espiral emocional debemos aprender aignorar las reacciones “viscerales” posteriores a la anomalía (desamparo, desmoralización, etc.) y hacer una lista de algunos factores que puedes controlar para “intentar nuevamente”.

Por ejemplo, piensa en la preparación, en la planificación y cómo se puede mejorar. Este tipo de ejercicio reduce los sentimientos de desamparo y mejora la posibilidad de éxito en el futuro.

3. Supervisar y proteger la autoestima cuando la autocompasión es necesaria

La autoestima es como un sistema inmunológico emocional que amortigua el dolor emocional y fortalece la capacidad de recuperación. Por eso es importante cuidar la autoestima, principalmente cuando la persona está sufriendo.

Una manera de “curar” la autoestima herida es practicando la autocompasión. Cuando surgen sentimientos de autocrítica, haz el siguiente ejercicio: imagina que un amigo querido está enojado consigo mismo por razones semejantes a las tuyas, escríbele un mensaje expresando empatía y apoyo. Después lee el mensaje y usa esas palabras para ti mismo.

4. Interrumpe los pensamientos negativos con distracciones positivas

Cuando los acontecimientos dolorosos se repiten y no se busca una nueva perspectiva o solución, en realidad estás incubando el problema, especialmente cuando se trata de un dolor psicológico más profundo.

La mejor manera de interrumpir la rumia es distrayéndose con actividades que exigen concentración (por ejemplo, haciendo unSodoku, completar un crucigrama, intentar recordar los nombres de los compañeros del 5º grado, etc.).

Estudios muestran que sólo dos minutos de distracción ya reducen bastante la concentración de los pensamientos negativos.

5. Encontrar un significado en la pérdida

Las pérdidas forman parte de la vida. Causan heridas emocionales y dejan cicatrices que pueden impedirnos de seguir adelante si no son tratadas. Si ya pasaste tiempo suficiente sin superar una pérdida, más aún estás luchando para seguir adelante, entonces necesitas cambiar tu forma de lidiar con el problema


El paso más importante para aliviar el dolor y recuperarse de una pérdida es encontrar un sentido en ella. Puede ser difícil, pero puedes pensar sobre lo que obtuviste después de la pérdida (por ejemplo: “Perdí a mi esposo, pero ahora estoy mucho más cerca de mis hijos”).

Piensa en cómo eso podría ayudar a otras personas a tener una nueva visión de la vida. Imagina los cambios que puedes hacer para ayudar a las personas a vivir una vida de acuerdo con sus propios valores y propósitos.

6. No permitas que la culpa excesiva persista

La culpa puede ser útil en pequeñas dosis, como una alerta para tomar medidas y reparar un problema en la relación con otras personas. Pero la culpa excesiva es un residuo tóxico que desgasta tus energías emocionales e intelectuales, distrayendo e impidiendo que aproveches la vida.

Una de las mejores maneras de lidiar con la culpa persistente es pidiendo disculpas de una manera eficaz. Disculparse es complejo, pero el ingrediente crucial para una disculpa eficaz es la “empatía”. En otras palabras, la disculpa debe concentrarse menos en la explicación del problema y más en cómo tus acciones (u omisiones) afectaron a la otra persona.

Es más fácil perdonar cuando realmente entiendes cómo se siente la persona. Actuando de esta manera, es más probable que la otra persona te perdone sinceramente, y eso ayudará a disolver la culpa.

7. Conoce cuáles son los tratamientos más eficaces para las heridas emocionales

Préstate atención a ti mismo y aprende cómo lidias con las heridas emocionales más comunes. Por ejemplo, si encojes los hombros, si te quedas enojado, en qué situaciones te recuperas rápidamente, si te quedas molesto, cuáles son las situaciones en que te recuperas más lentamente, consigues apartar los sentimientos, o…

Usa ese conocimiento para ayudarte a entender cómo los primeros auxilios emocionales te pueden funcionar mejor en diferentes situaciones (es como identificar, en un armario lleno de medicamentos, cuál es el mejor para tu dolor). Lo mismo sucede con la construcción de la resistencia emocional. Prueba técnicas diferentes y descubre cuáles son las más eficaces para ti.

Pero, sobretodo, crea el hábito de anotar regularmente tu propia salud psicológica, especialmente tras una situación estresante, difícil y emocionalmente dolorosa.

La práctica de la higiene emocional lleva algún tiempo y esfuerzo, pero aumenta mucho la calidad de vida.

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