sábado, 14 de marzo de 2015

Papa Francisco: ¿Qué maestro cristiano eres sino amas a los estudiantes difíciles?

El Pontífice concede audiencia a asociación de maestros y recuerda que es cristiano amar al estudiante con sus dificultades y problemas


"Jesús diría, si amáis sólo a los que estudian, a los que están bien educados, ¿qué mérito tenéis?", dijo el Papa Francisco recibiendo en audiencia este sábado 14 de marzo a los miembros de la Unión Católica Italiana de profesores, rectores, educadores y formadores Medios (UCIIM, siglas en italiano).

“Cualquier maestro está bien con los estudiantes más buenos. A ustedes les pido amen más a los estudiantes "difíciles", los que no quieren estudiar, los que se encuentran en condiciones difíciles, los discapacitados y los extranjeros, que ahora son un gran desafío para la escuela”, insistió.

Iniciando su discurso, el Papa recordó que había sido un enseñante como ellos y dijo: “tengo muy bonitos recuerdos”. Precisamente, porque antes de tomar los votos definitivo para ser jesuita ha sido profesor de escuela por casi ocho años.

“Como Jesús nos ha enseñado, toda la Ley y los Profetas se resumen en dos mandamientos: Amarás al Señor tu Dios y amar al prójimo (cf. Mt 22,34-40). Podemos preguntarnos: ¿quién es el prójimo para un maestro? El “prójimo” son sus alumnos! Es con ellos que pasa sus días. Son ellos los que esperan orientación de él, una dirección, una respuesta - y, antes de eso, buenas preguntas!”, expresó.

El Papa Francisco recordado esos tiempos de “maestrillo” , como se les llama a los novicios antes de convertirse en Jesuitas, ha criticado los dobles turnos y la mala paga que los maestros deben enfrentar en varios países. Y mencionó el caso de su país natal.

Al margen del texto preparado dijo: Es una injusticia. Yo pienso a mi país, que es lo que conozco: pobrecitos (los maestros), para tener un sueldo más o menos bueno, ¡deben hacer más de dos turnos!. ¿Un enseñante como termina después de un doble turno? Es un trabajo mal pagado, pero bellísimo”, sostuvo. 

Posteriormente, presentó algunos elementos que caracterizan la idea justa de escuela, que se contrapone a las ideas reduccionistas de su misión en la sociedad. “La escuela está hecha ciertamente de una educación válida y calificada, pero también de relaciones humanas, que por parte nuestra son relaciones de acogida, de bondad, dirigidas a todos sin distinción”.

De hecho, continuó, el deber de un buen maestro – sobre todo de un maestro cristiano - es amar con mayor intensidad a sus estudiantes más difíciles, más débiles, más desfavorecidos”.

De aquí, ha confirmado que enseñar es un “trabajo hermoso”, porque “se puede ver crecer día tras día las personas que nos han confiado y están a nuestro cuidado. Es un poco de "cómo ser padres, al menos espiritualmente. Es una gran responsabilidad!

“Enseñar – continuó- es un compromiso serio que sólo una personalidad madura y equilibrada puede asumir. Este compromiso puede dar miedo, pero - recordó - ningún maestro nunca está solo”, también tiene el apoyo de sus colegas y comunidad. 

Por esto, indicó que es bueno “siempre compartir su trabajo con otros colegas y toda la comunidad educativa a la que se pertenece”.

En su discurso se dirigió a los maestros cristianos para que sean verdaderos testimonios. Así los llamó a estar presentes en las periferias existenciales y en los suburbios de la escuela. Todo ello, para combatir, “la exclusión, la ignorancia y la delincuencia”.

En una sociedad que lucha por encontrar puntos de referencia, es necesario que los jóvenes reciban en la escuela ejemplos y guías positivas.

El Papa pidió que los maestros den sentido a la escuela, al estudio y la cultura, “sin reducir todo sólo a la transmisión de conocimientos técnicos”, sino de buscar una relación educativa con cada estudiante. De esta manera, exhortó a los maestros a acoger y amar a los estudiantes por lo que son, con todas su limitaciones y su potencial.

Justamente, Francisco les puso como ejemplo a San Juan Bosco, al mismo tiempo que se celebra el bicentenario de su nacimiento este año. Además, indicó que se necesitan maestros cristianos, “testimonios de una humanidad madura y completa”.

A nivel profesional, señaló que “es importante actualizar” las habilidades de la enseñanza, especialmente a la luz de las nuevas tecnologías, “pero la enseñanza no es sólo un trabajo: es una relación en la que cada maestro debe sentirse plenamente involucrado como persona, para dar sentido a la función educativa hacia sus estudiantes”.

Por último, el Papa animó a renovar con pasión el hombre en el proceso de la formación y ser testigos de la vida y de la esperanza. En su discurso se alegró de que la asociación de maestros recibidos en audiencia haya cumplió 70 años y aseguró que además del justo derecho de celebrar, es importante hacer un balance de esos años.

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