lunes, 12 de enero de 2015

¿Puedo ser un empresario de éxito y ser un buen cristiano?

Salir de la crisis ética para llegar al bienestar autentico. Un primer paso: comprender la fuerza creativa del bien común y la fraternidad


Podemos reflexionar como empresarios cristianos en poner en primer lugar la persona humana y el bien común. Precisamente, este es la invitación de la Fundación Centesimus Annus-Pro Pontifice que ha realizado recientemente (del 8 al 10 de mayo) en Roma una conferencia internacional: 'La buena sociedad y el futuro de los empleos´. La cuestión por resolver: ¿La solidaridad y la fraternidad pueden ser parte de las decisiones empresariales?’’.

Es posible que la crisis económica global que inició en 2008 y que hasta ahora no parece tener fin hubiera sido evitada si banqueros, empresarios y políticos hubieran asimilado y aplicado conceptos como bien común, subsidiaridad, solidaridad, desarrollo sostenible, solidaridad dinámica. 

Al respecto se pueden hacer conjeturas sobre un mundo más justo. Sin embargo, en el Vaticano estos temas se están discutiendo en serio para buscar una solución aunando “el pensamiento y las experiencias en el campo”, como dice Papa Francisco. Se trata de una visión abierta hacía el desarrollo político, económico y social, sin los viejos fantoches del capitalismo y la globalización representantes del mal absoluto. 

Una crisis ética

El primer aspecto subrayado por el Papa Francisco es que la crisis de nuestro tiempo es una crisis ética. El Pontífice recibiendo en audiencia a los participantes de la conferencia organizada por la Fundación afirma: La crisis de los últimos años, […] ha agudizado la "alergia" a palabras como solidaridad, distribución equitativa de bienes, prioridad del trabajo”. 

Es un tabú hablar abiertamente de “recesión” entre los positivistas de la economía y la política, pero es indudable que las familias si conocen las consecuencias de la crisis. Por ello, el Papa afirma que la razón por la cuál no se habla de ´solidaridad´ es que no se quiere - “estudiar realmente cómo estos valores éticos puedan concretarse en valores económicos, es decir, suscitar dinámicas virtuosas en la producción, en el trabajo, en el comercio, en las mismas finanzas” para cambiar la situación. 

La persona como centro y su comunidad

No hay que dejar solos a los empresarios o a las personas en dificultad, advierte el Papa. El refugio y lugar del alimento espiritual es la parroquia, la diócesis, las asociaciones. Lugares de la comunidad. El Papa afirma que la comunidad cristiana es “el lugar donde el empresario, pero también el político, el profesional, el sindicalista se nutren de la savia para alimentar su compromiso y confrontarse con los demás. Es indispensable, porque el ambiente de trabajo a veces se vuelve estéril, hostil, inhumano” añadió. 

Testimonio en la vida social, económica, política…

Francisco ha recordado que en el Concilio Vaticano II se hace un llamado a los fieles laicos a cumplir su misión en los ámbitos de la vida social , económica, política. ''Vosotros con la ayuda de Dios y de la Iglesia -ha subrayado- podéis dar un testimonio eficaz en vuestro campo, porque no lleváis solo palabras o discursos sino la experiencia de las personas y empresas que quieren poner en práctica, concretamente, los principios de ética cristiana en la situación actual del mundo del trabajo. Este testimonio es de importancia primaria y os animo a darlo con fe, también dedicando a la oración el tiempo necesario, porque también el laico, incluido el empresario tiene que rezar y rezar mucho cuando los retos se hacen más duros’'.

Entonces, reflexionar sobre bien común, subsidiaridad, solidaridad, desarrollo sostenible, solidaridad dinámica no es una opción para salir de la crisis ética, es un imperativo. 

La reflexión sobre estos conceptos podría ser una forma de encontrar una posición personal más activas sobre las cosa publica y las finanzas. A continuación, proponemos una adaptación de los conceptos desarrollados en la Conferencia por el prof. Alberto Quadrio Curzio y el prof. Giovanni Marseguerra, expertos del comité internacional de la Fundación Centesimus Annus:


Bien común

El bien común busca la armonía constructiva. Una acción gradual pero también con continuidad. Sobre el campo, los cristianos se encuentran en sintonía con otras personas de buena voluntad conscientes de que todos debemos comprometernos por el bien de la Humanidad. El punto compartido entre personas pertenecientes a otras comunidades (no cristianas) es la atención a los valores éticos - civiles. 

Subsidiaridad

La solidaridad es un gran principio de libertad y responsabilidad que distribuye el poder vertical a nivel institucional con soberanía entre las instancias de gobierno, y de forma “horizontal” distribuye la función de la “distribución de los bienes” entre Instituciones, Sociedad y Economía. Específicamente, en términos operativos, la subsidiaridad es un diseño que se propone de despertar la creatividad de las personas, estimulando la participación (de las personas) en grupos sociales, involucrando también la comunidad en la producción de bienes y servicios. El logro de la subsidiaridad es construir y agregar. 

Solidaridad 

La solidaridad es perseguir el bien común. La propuesta es llevar al bien común de forma dinámica y creativa, no solamente de forma redistributiva. Es decir una forma de dar a todos sin producir cambios profundos, convirtiendo la acción en simple asistencialismo. Te doy el pan pero no te enseño a hacerlo. La empresa y la asociación son fundamentos importantes para la solidaridad.

Desarrollo 

El desarrollo es más importante que el crecimiento. El desarrollo mezcla subsidiaridad y solidaridad para la promoción de las personas y de las comunidades a una civilización de niveles altos de humanismo integral. 

Solidaridad dinámica 

Los expertos consideran que la crisis que hoy vivimos exige una reflexión profunda de las relaciones económicas internacionales y de descubrir la solidaridad dinámica. Significa la distribución de los recursos existentes, se preocupa también de la producción y tiene que ver con las relaciones Norte-Sur y Oeste-Oriente. 

Esta solidaridad se explica a través de varias componentes del desarrollo: el desarrollo económico promovido por las instituciones, por la sociedad y por las empresas; constituidas por empresarios y trabajadores. La valorización de la familia a través de sistemas de pensiones que sean equitativos con los jóvenes y las personas mayores: el desarrollo social, que promueve la cohesión de la sociedad y del territorio. A su vez, sucesivamente, el desarrollo es funcional a la solidaridad concreta. 

Por último, la fundación tiene en programa otras citas internacionales en 2014: un seminario en Dublín sobre la reforma de las finanzas y el bien común y un encuentro en New York dedicado a la urgente cuestión de la pobreza y de la protección de las poblaciones más débiles. Sobre esto, la Fundación, procederá a realizar un documento de conclusiones para presentar al Santo Padre y difundir en las universidades, organizaciones económicas y centros de estudios. 

Así que la reflexión del mundo que cambia continua bajo la lente de la doctrina social de la Iglesia. Por ello la Fundación Centesimus Annus - Pro Pontífice ha sido fundada hace más de 20 años para reflexionar sobre temas sociales, políticos y económicos, a través de un comité científico internacional.

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