sábado, 26 de julio de 2014

Venezuela: los sacerdotes deben ser expresión del "amor maternal" de Dios

Importante encuentro del clero de la nación en Caracas: se comprometen por la nueva evangelización




Ramón Antonio Pérez

Tomando como base los documentos de Aparecida y el Concilio Plenario Venezolano, los sacerdotes se plantearon varios desafíos para su labor pastoral: promover una profunda experiencia de Dios como discípulos misioneros; fomentar una mayor vivencia de la espiritualidad de comunión; impulsar la Nueva Evangelización desde la perspectiva de la caridad pastoral; y, avivar los carismas recibidos.

El Obispo de Maturín, Monseñor Enrique Pérez Lavado, presidió la eucaristía en acción de gracias por el encuentro y predicó la homilía, invitando al presbiterio y episcopado a “renovar las promesas sacerdotales para nuestra total consagración en el ministerio”.

“Al término del fructífero encuentro que ha sido esta asamblea conjunta de obispos y presbíteros, culminamos celebrando, trayendo a la eucaristía nuestros ideales, anhelos y determinaciones para que el Señor los transforme y convierta en vida abundante para nosotros pastores, y para todo el pueblo de Dios que él nos ha confiado”, dijo.

Transparentar los dones de Dios

En palabras del Papa Francisco recordó: “para que nosotros, ungidos, podamos hacer ha unción desde la cabeza hasta el último borde, porque la unción que hemos recibido es para hacerla llegar a todos”. De igual manera, enseñó acerca de amor de Dios desde la perspectiva del profeta Oseas, como una relación de acompañamiento maternal.

“El profeta nos describe este amor con gestos típicamente maternales: le enseñé a caminar, lo tomé en mis brazos, lo traje hacia mí con cuerdas de amor (…) Este, podríamos decir, Dios ‘padre maternal’, es el Dios que Jesús proclama y presenta como su Dios Padre”, indicó a su hermanos presentes. “La respuesta de nuestra parte no es otra cosa que dejarnos amar, dejarnos perdonar, reconciliar, convertirnos en testigos y misionero entusiasta del mismo”, acotó el Prelado.

Habló del amor de Jesús a su pueblo y de la tarea evangelizadora que les corresponde igual como a sus primeros discípulos. “Vayan proclamando que el Reino de los Cielos está cerca”, proclamación que será acompañada del mismo poder divino dado a Jesús y que él comparte con sus apóstoles: “curen enfermos, resuciten muertos, purifiquen leprosos, expulsen demonios (…) Gratis los recibieron, denlo gratis. No se procuren oro, ni plata, no cobre en la faja, ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento”, dijo el Obispo de Maturín.

Su mensaje, además, contenía un apartado acerca de la gratuidad de los dones recibidos. “La gratuidad de la misión se convierte en cualidad esencial de la misión; porque el amor de Dios Padre, manifestado en su Hijo Jesucristo es pura gratuidad”, expresó, acotando que “los discípulos misioneros de Jesús tienen que transparentar esa gratuidad en su proceder con la gente hasta en su porte externo”.

En ese orden, motivó a que los sacerdotes se cuestionaran:“¿Experimento en mi vida sacerdotal la gratuidad de la llamada, de la vocación, y del don del ministerio? ¿Cómo motiva y dinamiza la conciencia de esta gratuidad mi unidad de vida y mi entrega al Señor y a los hermanos?”. Su respuesta recordó la misión asumida: “Mientras más conciencia de esta gratuidad y capacidad de agradecimiento tengamos, mayor motivación y fuerzas tendremos para entregarnos sin reserva al ejercicio de la Caridad Pastoral en bien de la grey encomendada”, dijo.

Condicionamientos que atacan el sacerdocio

El Obispo de Maturín, citando al Papa Francisco en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, mencionó algunas dificultades que impiden vivir “la alegría del Evangelio”: primero, “una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distensión que nos lleva a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida, como si no fueran parte de la propia identidad”.


El segundo es el relativismo, “más peligroso que el doctrinal”; esto tiene que ver con “opciones más profundas y sinceras que determinan una forma de vida (…) relativismo práctico que consiste en actuar como si Dios no existiera. Y en tercer lugar, mencionó la ‘Acedia Pastoral’, situación en la que “algunos caen en ella por no saber esperar, por sostener proyectos irrealizables y no vivir con ganas lo que buenamente podrían hacer (…) por apegarse a sueños de éxitos marginados por su vanidad (…) por querer dominar el ritmo de la vida”. 

Monseñor Pérez Lavado concluyó alertando: “todo esto nos interpela, no para condenarnos, sino para ayudarnos, purificarnos en nuestra intención y motivaciones más profundas en el seguimiento del Señor por el camino de la vocación sacerdotal”.

Identidad sacerdotal y espiritualidad de comunión

PADRE MIGUEL ANTONIO OSPINO MARTÍNEZ. El rector del seminario “Santo Tomás de Aquino” de la Arquidiócesis de Maracaibo, dirigió la reflexión de la Lectio Divina, fundamentada en el Evangelio de San Juan, 17, 6-26, cuyo tema estuvo vinculado a la identidad sacerdotal y espiritualidad de comunión. Explicó que “nuestra condición de consagrados nos lleva a guiar, enseñar y santificar al pueblo cristiano (…) aún en los lugares más recónditos y peligrosos”. Agregó: “El seguimiento de Cristo es radical, relativizarlo significaría disminuirlo y empobrecerlo”, pero “el seguimiento definitivo y fiel del Señor nos da plenitud de la vida y eficacia de nuestra misión”.

PADRE SEBASTIÁN RIVAS. Arquidiócesis de Cumaná y párroco de “Santa Inés”. Narró que ésta fue “una experiencia bonita y positiva para trabajar de manera conjunta con los obispos acerca del ser y quehacer de nuestra Iglesia católica en Venezuela. En nuestro país nos reconocemos como un presbiterio y episcopado muy cercanos al pueblo de Dios, muy horizontal y caminando juntos hacia nuestro ideal de caridad que es Jesucristo. Los resultados tendrán incidencias en el reimpulso de la Evangelización”.

PADRE FRANCISCO TERÁN. El sacerdote de la Diócesis de Trujillo comentó que este encuentro ha sido una experiencia de mucho enriquecimiento espiritual. “Salimos con mucho ánimo de fomentar esa comunión entre los sacerdotes y el pueblo de Dios”. Explicó que “disertamos acerca de nuestras realidades particulares muy cambiantes, ya que estamos inmersos en una sociedad que cada día camina en distintas direcciones, y que por tanto, requiere una exigencia mayor en nuestra labor sacerdotal”.

Cabe resaltar que más de 90 sacerdotes delegados –dos por cada diócesis y uno por provincia eclesiástica-, y aproximadamente 43 obispos y arzobispos venezolanos, sostuvieron este encuentro en el marco de la centésima segunda asamblea ordinaria de la CEV. Estuvieron organizados en 8 grupos de trabajo conformados mediante los nombres de advocaciones marianas que, en estricto orden, fueron las siguientes: Nuestra Señora de Coromoto; Nuestra Señora del Carmen; Nuestra Señora del Socorro; Divina Pastora; Nuestra Señora de Chiquinquirá; Nuestra Señora del Real; Nuestra Señora de la Soledad; y Nuestra Señora de la Soledad. 

Los temas de la identidad sacerdotal, comunión y animación mutua, fueron trabajados con base en la pregunta: “¿Somos y nos sentimos presbíteros y obispos en nuestra labor cotidiana?”. Además, se presentaron las conclusiones de los encuentros previos sostenidos en las diferentes provincias eclesiásticas del país, y las propuestas surgidas durante este encuentro. Realmente fue “una puesta en común, una profunda reflexión sobre la vida sacerdotal en el ámbito diocesano y nacional”, como al principio de la asamblea del episcopado, esperaba su presidente, Monseñor Diego Padrón.

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