miércoles, 16 de julio de 2014

Cardenal Parolin ante Virgen de Guadalupe: Danos a Jesús para afrontar penas y alegrías de la vida


MÉXICO D.F., 16 Jul. 14 / 03:42 pm (ACI/EWTN Noticias).- “Tenemos muchas cosas que pedir a María”, afirmó este martes el Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, durante la Misa que celebró en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en México, donde alentó a solicitarle principalmente su más grande tesoro, su Hijo Jesucristo, con quien se puede afrontar “la vida diaria, con sus alegrías y penas”.

En su homilía, el Purpurado invitó a los fieles a pedir a la Virgen “por nosotros mismos, por la curación de un familiar, por los hijos, por los problemas económicos, sociales… Pero no se olviden nunca de pedirle aquello en lo que Nuestra Señora más destaca: la fidelidad a Cristo”.

“Pidámosle el tesoro más grande que Ella tiene: su Hijo Jesucristo. Él es el único Salvador, el médico de los cuerpos y las almas, la fuente de la salud, el que nos reconcilia con Dios, el que nos envía al Espíritu Santo con todos sus dones. Supliquemos a María que nos regale a Cristo y, con Cristo en nuestro corazón, afrontemos la vida diaria, con sus alegrías y penas”, aseguró.

El Cardenal dijo que con María los cristianos también pueden aprender a seguir a Jesús “en los momentos serenos como en medio de las pruebas. Como Ella, que nunca abandonó a su divino Hijo, aceptemos en nuestro corazón la voluntad de Dios, sean cuales sean las circunstancias por las que pasemos. Si estamos unidos a Él en el sufrimiento, Él nos hará llegar a la gloria de la resurrección”.

Explicó que la Madre de Dios es “bendita” porque “se hizo ‘esclava’ del Señor, pequeña al servicio del Reino de los cielos” y ahora “continúa colaborando como Madre con el designio amoroso de Dios, con su plan de redención”.

“Venir a rezar a María, diciéndole ‘Dichosa’, como Isabel, incluye también reconocerla como modelo de creyente”, afirmó el Cardenal Parolin. “Por otra parte, no sólo venimos a rezar a María, sino a rezar con María”.

“El evangelio nos presentaba la oración con la que Ella, y nosotros con ella, nos dirigimos a Dios: ‘Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador’. Una oración –aseguró-, que consigue abrir las puertas de la gracia y conmover el corazón misericordioso de Dios y realizar obras grandes a través de Ella”.

Además, explicó, la Iglesia aprendió de Ella “que la verdadera evangelización consiste en ‘proclamar las grandezas del Señor’, anunciar y descubrir los frutos de la redención con un corazón renovado con el ardor del Evangelio”.

“En Ella podemos ver la manera como la Iglesia se hace presente, con la luz del Evangelio, en la vida de los pueblos, en las transformaciones sociales, económicas, políticas. Santa María de Guadalupe es el modelo de una Iglesia peregrina, que no se busca a sí misma, que camina con su pueblo y no quiere quedarse fuera de sus retos y proyectos, de sus angustias y esperanzas. Por eso, forma parte de nuestra historia y la sentimos en lo más profundo de nuestro corazón”, concluyó.

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