jueves, 29 de mayo de 2014

La sudanesa encarcelada “nunca renunciará a su fe", dice su marido

Meryam Ibrahim acaba de tener a su hijo y ha sufrido complicaciones durante el embarazo, pero no la ha visitado ningún médico


El diario italiano Avvenire, propiedad de la Conferencia Episcopal Italiana, sigue con atención el caso de Meryam Ibrahim, cristiana ortodoxa sudanesa condenada a muerte en Sudán y encarcelada con cadenas por negarse a renunciar al cristianismo. Ella acaba de dar a luz a su hija Maya este pasado martes en prisión. El diario entrevista a su marido, que es además ciudadano norteamericano.

«Quisiera agradecer la movilización que habéis puesto en marcha en favor de mi esposa. El apoyo de vuestros lectores, así como de todos aquellos que se han movido por Meryam, es fundamental para mí. Y en la situación en la que estamos, todo esto podría tener resultados positivos a nivel de presiones políticas. Esperemos que esta campaña no sea inútil».

Así responde a Avvenire Daniel Wani, el marido de Meryam Ibrahim, en silla de ruedas a causa de una distrofia muscular y que el martes 27 de mayo fue padre por segunda vez.

Daniel no está sereno y a menudo, cuando le dirigen preguntas que van demasiado a fondo en el caso legal de su mujer, prefiere responder con un amable «no comment».

¿Cómo se siente tras el nacimiento de Maya?

Estoy dividido entre la alegría y la frustración. Obviamente estoy contento; después de tanta angustia, mi mujer y mi hija están bien. Pero por otra parte estoy muy decepcionado, porque no me han dado permiso para verlas. Tal vez me permitan hacerlo mañana, tal vez no.

Lo único positivo es que las visitas pasarán a ser dos a la semana, en lugar de una como era hasta ahora. Pero hoy me habría gustado estar al lado de mi mujer.

Su hija recién nacida, ¿le da esperanzas también para el caso judicial?

Ciertamente, un niño es siempre una bendición, una esperanza. Y en nuestro caso significa mucho más. Lo único que quiero es tener más tiempo para estar con mi familia.

Cuando voy a verles no me conceden mucho tiempo para hablar con Meryam y Martin, mi primogénito. Además hay siempre alguien controlándonos.

Para las autoridades sudanesas, que consideran nulo nuestro matrimonio, mi mujer y yo, pero también mis hijos y yo, somos unos extraños entre nosotros.

En los últimos días se ha dicho que Meryam no está siendo tratada bien en la cárcel… 

Camina con cadenas y verla así, para mí, es terrible. Ha tenido complicaciones durante el embarazo, pero no sabemos de qué tipo porque no la ha visitado ningún médico.

Pero Meryam es fuerte, es mucho más fuerte que yo. Cuando la condenaron yo me eché a llorar, pero ella se mantuvo firme, ni siquiera se estremeció. También por esto no renunciará jamás a su fe, como le había pedido el juez. Y yo, aunque quiero verla libre, no le pediría nunca que lo hiciera.

¿Cómo vive su hijo Martin todo lo que está sucediendo?

Aunque aún no ha cumplido los dos años, entiende lo que está sucediendo. Pero tiene el carácter de su madre. Hay otros dos niños en la cárcel con él, y las condiciones no son buenas: la prisión no es un buen sitio para un niño.

Me han dado permiso para llevarles medicinas y alimentos, pero los riesgos higiénicos son enormes, por no hablar de los psicológicos.

¿Cómo transcurren sus días a la espera de tener novedades sobre el proceso judicial?

Tengo algunos amigos, tanto cristianos como musulmanes; también estos últimos piensan que la condena de Meryam es injusta. Intento hacer pasar el tiempo, pero para mí estar sin ella es terrible, terrible.

Por esto, sentir la cercanía de tanta gente, saber que hay quien se preocupa por nosotros, es muy, muy importante. Y para quien quiera venir aquí, a Jartum, mi puerta está abierta.


Traducción de Helena Faccia Serrano

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