sábado, 24 de mayo de 2014

China: ¿por qué hablamos de una Iglesia clandestina?

Para los católicos, el único movimiento oficial reconocido por el Gobierno es la Asociación Patriótica de los católicos chinos (APCC), los que no se unen a ella son considerados “ilegales”



En China, la Iglesia católica está teóricamente reconocida por la ley pero el Gobierno comunista no tolera que los obispos sean nombrados por el Papa ; sólo reconoce a la Iglesia patriótica, cuyos obispos nombra él mismo. 

1. La Constitución de 1978 reconoce varias religiones, entre ellas el catolicismo. El ejercicio de estas libertades está muy limitado.

Desde la llegada al poder de los comunistas hasta la revolución cultural, las religiones fueron severamente reprimidas en China. Después de la muerte de Mao Zedong, las autoridades reconocieron varias religiones : el catolicismo, el protestantismo, el islam, el taoísmo y el budismo.

En todo el país, esta libertad está limitada por el orden público y la obediencia a las leyes vigentes. Esta apreciación es tanto más fluctuante en cuanto que, en este inmenso país, hay muchas diferencias según las regiones.

De todas maneras, la libertad religiosa no comporta la libertad de expresión sobre todas las cuestiones, en las que el Gobierno y el Partido consideran que ostentan, solos, la autoridad. Las religiones pueden ser útiles para el orden moral y por su acción filantrópica, pero se les prohíbe hablar en la sociedad, la economía y la política.

Como todos los regímenes autoritarios, el Partido comunista chino quiere decidir el primero sobre los obispos. Esto es contario a la práctica milenaria de la Iglesia católica.

En el Credo se dice que la Iglesia es « apostólica ». Está fundada sobre los apóstoles, en torno a Pedro. Los obispos son los sucesores de los apóstoles. Ellos mismos son obispos « católicos » si están en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma, el papa.

El signo de esta comunión es que el nuevo obispo sea nombrado por el papa ; como mínimo, si está designado por otra instancia, que se proponga su nombre al papa para que le reconozca como obispo católico.

El Papa no puede aceptar que los obispos sean nombrados por el gobierno de un Estado que se profesa ateo, concretamente por el Partido comunista chino.

El problema no es nuevo. La Iglesia lo ha conocido bien con las « democracias populares » y los intentos de creación de Iglesias nacionales, en ruptura con Roma y por tanto más fácilmente manipulables.

Los católicos de China también están divididos entre una Iglesia « patriótica » y una Iglesia « clandestina », perfectamente conocida por la policía.

Es imposible dar el número de católicos chinos. Ciertamente, son una ínfima parte de la población. Pero cuando esta población se eleva a un billón cuatro cientos millones de personas, una ínfima minoría acaba siendo un mundo.

Ante la ingerencia del Partido en los asuntos religiosos, los católicos chinos se dividen. ¿Hay que privilegiar a cualquier precio la fidelidad a Roma ? ¿Hay que acomodarse a lo que pide el Gobierno, profesándose miembro de la Iglesia católica en toda regla?

Estas dos actitudes se concretan en dos formas de Iglesia: la Iglesia « patriótica » y la Iglesia « clandestina ». Los miembros de la segunda no son menos patriotas que los de la primera. Respecto a la clandestinidad, es una engañifa en un país totalitario donde la policía lo sabe todo de todo el mundo.

Esta situación se vivió en Francia durante la Revolución. ¿ Podían los sacerdotes jurar fidelidad a la Constitución civil del clero, constitución en algunos puntos contraria a la naturaleza de la Iglesia ? Así se constituyeron dos cleros: «refractario » y « constitucional ». El primero fue perseguido y tuvo mártires.

La carta del Papa de 2007 fue mal recibida por las autoridades chinas, que prohibieron su publicación.

El Papa Juan Pablo II siempre había esperado poder ir a China : esperanza frustrada. Su sucesor querría -¿y qué cristiano no lo querría ?- que el tercer milenio fuera el de la evangelización del Extremo Oriente. Él cree que hay oportunidades abiertas hoy. Pero una de las condiciones es la unidad de la Iglesia católica en China.

Con este objetivo, escribió una larga Carta, destinada a todos los católicos de China, en 2007. Siguiendo la doctrina del Concilio Vaticano II, muestra en ella que la Iglesia católica no reivindica ningún poder político y quiere trabajar lealmente por el bien común. Explica en qué condiciones pueden cooperar los católicos con los organismos del Estado.

Para el nombramiento de los obispos, indica como legítima la consulta del Gobierno. Dice cómo podría regularizarse la situación de los obispos ordenados sin el consentimiento de Roma. Y da unas determinadas orientaciones para la vida cristiana y la proyección del Evangelio hoy en China.

Aunque el texto es respetuoso en el fondo y en la forma, el Gobierno chino lo consideró como una ingerencia intolerable de un poder extranjero en los asuntos de China. Pero el texto ya había circulado por internet.




2. El conflicto renace una y otra vez con motivo de las ordenaciones episcopales.

Roma siempre ha intentado que las comunidades cristianas estén provistas de pastores y que se reconstruya la unidad.
En Francia, por ejemplo, al acabar la Revolución, en el Concordato firmado con Napoleón Bonaparte, el papa acepta pedir la dimisión a todos los obispos del lugar, ya fueran « refractarios » o « constitucionales ». Prácticamente todos dimitieron y pudieron ser nombrados nuevos obispos. Incluso actualmente, por razones históricas, los obispos de Estrasburgo y de Metz son nombrados conjuntamente por el Vaticano y por el Gobierno francés.

Es decir, que Roma sabe ser flexible, si se salva lo esencial : que el carácter « nacional » no predomine sobre el carácter universal que comporta la palabra « católico ».

En los diez últimos años, parecían haberse hallado acondicionamientos: reconocimiento por parte de Roma de la mayoría de los obispos que habían sido nombrados por el Gobierno, si lo pedían ; nombramientos nuevos con el acuerdo del Gobierno.

Por desgracia, algunos casos más recientes impiden creer que la partida está ganada : nombramientos unilaterales por parte del Gobierno, intentos de comprometer a obispos « clandestinos » en la ordenación de obispos « patriotas », puesta en cuarentena de un obispo que tras su ordenación dimitió de sus funciones en los organismos del Estado,...

El nombramiento reciente de un chino en el servicio del Vaticano que se ocupa de estas cuestiones permitirá quizás renovar los contactos más confiados. Porque, en el Imperio del Medio, el lenguaje de la Iglesia es, sin duda, el chino.

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