sábado, 9 de noviembre de 2013

IGLESIA EN MONAGAS: PALABRAS DEL PASTOR, DIEZ AÑOS DE MINISTERIO EPISCOPAL

Estimados lectores, el pasado jueves 31 de octubre, se cumplieron diez años de mi ordenación episcopal y de mi toma de posesión como obispo de la Diócesis de Maturín. Aquel día recordado el Señor me dio la gracia de nacer al episcopado en nuestra emblemática catedral, en una ceremonia que contó con la presencia de la mayoría de los miembros del colegio episcopal de Venezuela, del entonces Señor Nuncio, Mons. Andre Dupuy y una nutridísima asistencia de fieles y representantes de los poderes públicos civiles y militares y de las demás fuerzas vivas del Estado Monagas. También vinieron desde Maracaibo miembros cercanos de mi familia, numerosos feligreses zulianos y las autoridades de la Universidad Católica Cecilio Acosta. Por primera vez la comunidad católica monaguense veía y participaba en una ordenación episcopal y por tercera vez, presenciaba la toma de posesión de un nuevo obispo. Ese acto quedó impreso en la memoria histórica de la Ciudad y de todo nuestro Estado.

El aniversario se celebró con una eucaristía en Catedral, seguida por un sencillo ágape fraterno con algunos hermanos del clero y algunos laicos. No hubo más palabras que las de la homilía que dirigí a la asamblea del Pueblo de Dios allí presente, las cuales quisiera compartir un poco también con ustedes.

Como es natural, la homilía fue inspirada por los textos bíblicos, que en la ocasión fueron los mismos de la misa de ordenación de hace diez años: 1 Pedro 5,1-4 (los consejos a los pastores) y Jn 21,15-18(Jesús resucitado encomienda su rebaño a Simón Pedro).

Queridos hermanos y hermanas: La primera Carta de Pedro, en esa exhortación del Apóstol a los demás pastores de la comunidad cristiana, nos recuerda a todos los que ejercemos el ministerio pastoral, sea en tiempo que sea, que no somos más que encargados de cuidar una rebaño que no es nuestro sino del Señor Jesucristo, quien nos ha encomendado esa misión sagrada. No podemos, por tanto adueñarnos de la grey porque no nos pertenece. El Obispo es un siervo, no un amo; ya decía San Gregorio Magno: “El episcopado no es un honor, sino un servicio”. Un servicio que exige la búsqueda del bien de las ovejas y no el beneficio del pastor. Por eso el Apóstol dice que se apaciente el rebaño: “no por mezquino afán de ganancia, sino de corazón” (1Pe 5,2). Y que el mejor modo de servir el pastor al rebaño encomendado es con el ejemplo de vida: “siendo modelo de la grey” (v.4). 

Este ministerio pastoral es irrealizable en esta forma a no ser por lo que nos presenta el texto del capítulo 21 de San Juan. Jesús interroga a Simón Pedro con la triple pregunta: “¿Me amas más que estos?”- “Sí, Señor, tu sabes que te quiero”- “apacienta mis corderos”. “Simón de Juan, ¿me amas?”- “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”- “Apacienta mis ovejas”. “Simón de Juan, ¿me quieres?”- “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero”- “Apacienta mis ovejas”.

El ejercicio del pastoreo sólo es posible como un acto de amor preferencial a Cristo, que se cumple amando a su Iglesia (sus corderos, sus ovejas); entregando el corazón entero a Jesucristo y prodigándose en la entrega pastoral a su “Cuerpo Místico”. No es otra cosa lo que el Documento de Aparecida dice de los presbíteros, pero que es perfectamente aplicable a los obispos: “Solamente un presbítero (obispo) enamorado de Jesucristo, podrá llevar a cabo la transformación de su parroquia (diócesis)”.

Este texto del Evangelio de Juan siempre ha tenido una importancia muy grande en mi vida, primero en mi respuesta a la vocación sacerdotal, después ante mi ordenación sacerdotal y por último, cara a la elección y llamado al episcopado. Por eso escogí como lema para mi escudo episcopal: “Pasce oves meas”; es decir: “Apacienta mis ovejas”. Queriendo dejarme en claro que ser obispo no es una “distinción” sino un “oficio de amor”. Sólo se puede realizar como debe ser, desde ese “enamoramiento” a la persona de Jesucristo, el Buen Pastor que dio su vida por las ovejas (cf. Jn 10,11). Él toma siempre la iniciativa, “él nos amó primero”(1Jn 4,19). Todo lo que sigue es una respuesta de corazón: “Tú lo sabes todo”. Una respuesta firme, pero realista de quien sabe los límites y la propia pobreza para corresponder a un amor como éste; de quien, como Pedro, recuerda sus negaciones y traiciones, pero aún así se siente desbordado por el amor que perdona y confía una vez más en él.

Después de diez años, el Señor me sigue llamando a seguirlo en el cuidado de su rebaño; después de diez años, el Señor ha sido totalmente fiel. Yo tengo que volver a responderle desde mi pobreza: “Tú lo sabes todo”.

El otro elemento del pasaje del Evangelio son las palabras de Jesucristo al final: “En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras”(Jn21,18). Sabemos que el término “viejo” (presbítero) es aplicado al pastor de la comunidad. El obispo ya no es más dueño de sí, no es un creador y realizador de proyectos, que él mismo lidera. El obispo es conducido, ceñido por otros que son: Jesucristo y la Iglesia misma por medio de las necesidades reales de los fieles encomendados a través de las cuales se manifiesta la voluntad del Dueño del Rebaño. Esta ha sido la faena, el combate, que he venido viviendo pobremente en estos años al servicio de ustedes.

Agradezco a todos por su compañía filial y fraterna, ustedes son mi familia en la fe, estamos unidos por un nexo mayor que el de la carne y la sangre. Dejo los “balances de gestión” a los que escriben la historia y sobre todo, al Señor. Él sabrá si mereceré o no, “cuando el Mayoral aparezca”, “la corona de gloria que no se marchita” (cf. 1Pe 5,4).

Monseñor Enrique Pérez Lavado.


PENSAMIENTO PARA EL DOMINGO

No ignoremos la suerte de nuestros difuntos y lo que será la nuestra. Jesús asegura la resurrección. “Para Dios todos viven” (Lc 20,38).


ACONTECER DIOCESANO

Toma de posesión

El domingo 10, tomará posesión canónica de la Parroquia “Cristo Resucitado”, el Pbro. Gustavo Ulloa, durante la misa presidida por nuestro Obispo a las 10am en el templo parroquial. ¡felicitaciones Padre Ulloa! Y nuestras oraciones por usted y la comunidad parroquial.

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