martes, 17 de septiembre de 2013

Palabras de Monseñor Diego Padrón, Presidente de la CEV, en la despedida del Nuncio Apostólico Pietro Parolín


Todas las despedidas tienen mucho de nostalgia, pero también de renovación y futuro. Cuando la despedida lleva consigo una nueva y más alta misión, entonces la niebla de la nostalgia, se transforma en aura de luz y de esperanza.
Una vez – cuenta el libro de los Hechos – el apóstol Pablo tuvo que despedirse de Asia. Su ministerio en esa región había terminado. Hubo lagrimas y abrazos, nobles expresiones de afecto y gratitud y grandes enseñanzas.
Algo parecido sucede hoy. Se va el Nuncio Apostólico y la Conferencia Episcopal siente que se va un hermano. Más que una despedida es un Arrivederci fino Roma o más bienCi vediamo a Roma.
Hoy nos hemos reunido para un ágape fraterno. Los griegos (en la antigüedad) llamaban ágape a un convite cuya nota principal era la expresión de amistad. Eso quisiéramos nosotros que fuese este momento. Un compartir para manifestarle, Sr. Nuncio, nuestra fraterna amistad, nuestro reconocimiento y nuestra gratitud. En el ágape de la Eucaristía lo hemos tenido presente.
En Ud., Excelencia, hemos encontrado un Obispo que ha ejercitado su ministerio sin confusiones en campos tan disímiles como la relación con el Gobierno y la cercanía pastoral con el pueblo que lucha, ama y espera en nuestras diócesis y parroquias. Entre nosotros, Ud. ha transitado el camino de la sencillez y del diálogo amistoso. Ud. goza de la serenidad de los sabios y la refleja en sus palabras y acciones.
En un país en el que su misión ha sido como una carrera de obstáculos interminable. No obstante, su prudencia, fortaleza y tolerancia le han ganado respeto, aprecio y, si no confianza, al menos estima a su persona y a su misión diplomática.
En Ud. hemos percibido la cercanía del Papa, tanto de Benedicto como de Francisco. Ud. ha hecho de la Nunciatura la Casa del Papa a la que cualquiera de nosotros acude con toda confianza y sin mucho protocolo.
Los Obispos estamos convencidos de que Ud. conoce muy bien la Iglesia Venezolana, porque ha sabido compenetrarse con nuestra manera de pensar y porque la ha recorrido palmo a palmo y ha visitado como Pastor –siempre en representación del Papa – nuestras Diócesis, parroquias y comunidades. Ud. ha acompañado la Iglesia venezolana en sus angustias y esperanzas, en sus tristezas y alegrías.
Como dije al comienzo, Excelencia, el sentido de la despedida adquiere hoy una nueva dimensión. Dentro de pocos días Ud. será el Secretario de Estado del Vaticano, el más cercano colaborador del Papa Francisco. Seguros estamos de que él ha puesto en Ud. su mayor confianza por su elevada calidad humana, su esmerada formación académica, su amplia experiencia en la gestión de asuntos internacionales, su profunda y humanista visión de los problemas del mundo, pero sobre todo por su condición de creyente y de Pastor.
Al felicitarlo muy sinceramente por el extraordinario ascenso en sus responsabilidades, le auguramos el mayor éxito por el bien de la Iglesia, la barca de Simón Pedro, y le garantizamos la seguridad de nuestra oración por Ud.
En verdad, Excelencia, no tenemos palabras con qué agradecerle su afán por el desarrollo de la Iglesia en Venezuela, su acompañamiento y orientación en las horas difíciles, su cercanía y cordialidad con cada hermano Obispo.
La Virgen María, madre del Buen Pastor, a la que invocamos cariñosamente en Venezuela con el dulce nombre de Coromoto, le acompañe en todas sus decisiones y en todos sus pasos.

A nombre de toda la Conferencia Episcopal Venezolana muchísimas gracias, Excelencia. Y como decimos en Venezuela: ¡Que Dios lo bendiga!.

Caracas, 17 de septiembre de 2013

+Diego Padrón Sánchez
Arzobispo de Cumaná y Presidente de la CEV

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