viernes, 8 de marzo de 2013

Cónclave: no es una elección política, sino espiritual.

(RV).- Nuestro director general el padre Federico Lombardi, que está informando diariamente a la prensa como director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede sobre el andamiento de las Congregaciones de los cardenales, ayer en una entrevista a Radio Vaticano subrayaba la importancia de los tres documentos que rigen la Sede Vacante: la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, el último Motu Proprio de Benedicto XVI, y el Código de Derecho Canónico.

“Son tres documentos completamente diferentes entre sí, en el sentido de que el Código de Derecho Canónico es la ley universal de la Iglesia que se ocupa de todos los aspectos más fundamentales. Así pues, para nosotros, ha contado mucho en este caso que el Código de Derecho Canónico prevé la renuncia del Papa. Aunque esto nunca se llevó a la práctica, de hecho, era una posibilidad prevista en la ley general de la Iglesia. Es muy importante hacer hincapié en esto. En cambio, la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, es una ley específica sobre la Sede Vacante, el Cónclave, y la elección del Sumo Pontífice, que es un aspecto, por supuesto, muy importante para la vida de la Iglesia, por tanto muy delicado, que ha de ser regulado con extrema precisión. Por ello, los Papas a menudo han promulgado reglas muy precisas para esta circunstancia específica. 

La Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, de Juan Pablo II, es la que ha disciplinado con gran detalle el Cónclave después de su pontificado.
 
Por su parte el Motu Proprio es una ley que en cierto sentido completa algunos aspectos de la Constitución Apostólica. Por lo tanto es una ley que en puntos muy específicos y en detalles relativamente menores, retoca y mejora algunos aspectos que en el pasado Cónclave y en la pasada Sede Vacante, habían aconsejado cambios para satisfacer algunas necesidades. En resumen: el Código de Derecho Canónico es una ley universal para toda la Iglesia, que contiene muchas disposiciones, normas, incluyendo la posibilidad de la renuncia del Papa; La Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis es la ley específica para la Sede Vacante y el Cónclave, y el Motu Proprio es una ley muy particular que modifica y perfecciona La Constitución Apostólica”. 

Estas normas que rigen los procedimientos institucionales de la Sede Vacante también tienen una función de tutela de todo el cuerpo de la Iglesia, comprendidos los fieles, ¿no es así?

“Claro. La ley de la Iglesia existe para servir la naturaleza específica de la Iglesia, que es una institución con un propósito, una misión espiritual, de servicio del Evangelio, de testimonio del Evangelio en el mundo. Por lo tanto, es un derecho que tiene sus características particulares. Siempre debe estar orientada hacia el bien de los fieles, y a la misión de la Iglesia misma. Por lo tanto, es una ley inspirada en principios espirituales. En la Constitución Apostólica se ve muy bien la integración entre el aspecto de la oración, que es esencial en todo el proceso de la Sede Vacante y el Cónclave, y las otras determinaciones. Por ejemplo, el Cónclave es una realidad que viene precedida por la celebración de una misa, fundamental para la elección del Papa, concelebrada por todo el Colegio de Cardenales, con la participación del Pueblo de Dios. Esta ceremonia eucarística expresa el clima de oración con el que se acerca a este evento. El Cónclave se abre con una procesión en la que se invoca a los santos y se canta el Veni Creator Spiritus y los cardenales hacen un juramento ante Dios. Durante el cónclave, antes de la votaciones y las reuniones, hay tiempos específicos de oración. El primer acto que hace el nuevo Papa es una bendición Urbi et Orbi. Así pues todo se vive en un clima de oración y celebración. Es por eso que no es una elección política, una elección, por así decirlo, secular, sino una elección que tiene lugar en un contexto espiritual y pidiendo la ayuda del Espíritu Santo para el servicio espiritual a la Iglesia y al mundo” (ER - RV)
Cónclave: editorial del padre Lombardi

Los cardenales han decidido mayoritariamente fijar la fecha del Cónclave para el próximo martes. Por lo tanto se sienten listos para dar el paso decisivo en la elección del nuevo Papa. Las reflexiones comunitarias en las Congregaciones, las informaciones intercambiadas entre ellos, los diálogos para formarse una opinión propia y responsable sobre las personas más adecuadas para la gran tarea han llegado a un primer estado de maduración. Desde el martes el discernimiento se hará aún más comprometido, porque con los escrutinios se afrontará en cierto sentido la “medida” del consenso que se podrá alcanzar sobre algunas personas concretas. Y así se irá adelante hasta la elección. 

¡Es impresionante, si se piensa en la responsabilidad de por sí sobrehumana que será puesta sobre la espalda de un hombre! No se trata solo de gobernar bien una institución compleja, sino más bien de orientar el camino religioso, espiritual, moral, de la comunidad de los creyentes más numerosa y difundida en los diversos continentes y observada con atención – con expectativa positiva, y a veces también con actitud negativa – por tantísimos de nuestros contemporáneos en búsqueda del sentido de su existencia. El Evangelio debe ser anunciado a través de los tiempos, para la salvación de todos, hasta los confines de la tierra.

El Cónclave es por lo tanto un evento cuyo sentido puede ser verdaderamente comprendido, y vivido serenamente, solo en la perspectiva de la fe. Los dos protagonistas de los Cónclaves precedentes nos dan un testimonio intenso e inolvidable. El Papa Wojtyla contemplaba el juicio de Miguel Ángel en su poema “Tríptico romano”: “Todas las cosas están desnudas y abiertas ante los ojos de Dios”, “trasparencia de los eventos, trasparencia de las consciencias”. “Tú que penetras todo – ¡indica!”. “Él indicará”. Y el siguiente Papa Ratzinger comentaba: “La heredad de las llaves dejadas a Pedro… Poner estas llaves en las manos justas: es esta la inmensa responsabilidad en aquellos días”.

Ahora, aquel que con su extraordinaria renuncia ha llevado a los cardenales a cruzar una vez más el umbral de la Capilla Sixtina para discernir ante la historia a qué manos confiar las llaves, está con todos nosotros, silenciosamente pero más profundamente y conscientemente que todos nosotros, en oración: “Espíritu de Dios, tú que todo penetras – ¡indica!” (RC-RV)

Martes 12 de marzo inicio del Cónclave
(RV).- Al final de la octava Congregación General, la tarde del viernes 8 de marzo, el vocero de prensa de la Santa Sede, p. Federico Lombardi, informó de la decisión de los cardenales de convocar el Cónclave para el martes 12 de marzo. Recordamos que el Colegio Cardenalicio está formado por 207 miembros, de los cuales 115 menores de 80 años formarán parte del Cónclave que a partir del martes iniciarán las votaciones para elegir al sucesor de Benedicto XVI. 

COMUNICADO DE LA OFICINA DE PRENSA DE LA SANTA SEDE
El Colegio de cardenales ha decidido en la octava Congregación General que ha tenido lugar esta tarde desde las 17 a las 19 horas que el Cónclave para la elección del nuevo pontífice se abrirá el martes 12 de marzo de 2013. 
Por la mañana se celebrará en la basílica de San Pedro la Santa Misa “Pro eligendo Romano Pontífice”. Por la tarde del mismo día se entrará en el Cónclave (RC-RV)

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